11 DE DEZEMBRO DE 1903 - LISBOA: O REI AFONSO XII É HOMENAGEADO COM UMA CORRIDA DE TOUROS NA PRAÇA DO CAMPO PEQUENO

 
DESENHO: DIARIO UNIVERSAL, Madrid (Tratado por IA)
Biblioteca nacional de España

VIAJE DEL REY

Don ALFONSO XIII en Lisboa

SERVICIO ESPECIAL DEL “DIARIO UNIVERSAL”. — TELEGRAMAS DE NUESTRO REDACTOR D. DOMINGO BLANCO

En Cintra. El almuerzo

Lisboa 13 (6,59 t.)

            El almuerzo con que fué obsequiado Don Alfonso XIII en Cintra se sirvió en dos grandes mesas.

            Presidía una nuestro soberano, teniendo á su derecha á la esposa del primer ministro Sr. Hintze Riveiro; (NOTA: Ernesto Hintze Ribeiro) á la izquierda se sentaba la marquesa de Fayal, dama de la reina Amelia. En frente estaba Doña María Pía, ocupando los primeros puestos de derecha é izquierda  el ministro plenipotenciario de España Sr. Polo de Bernabé y el Sr. Rodríguez San Pedro.


Ernesto Hintze Ribeiro.
FOTO: Biblioteca nacional de España (Tratada por IA)

            En la otra mesa se sentaron Doña Amelia y Don Carlos. A ambos lados de los reyes estaban el príncipe real y el presidente del Consejo, Sr. Hintze Riveiro (NOTA: Ernesto Hintze Ribeiro), y la esposa del señor Polo de Bernabé y la señora de Unias.

            Asistieron al almuerzo unas 50 personas. Las meses estaban adornadas artísticamente con flores. El espléndido menú estaba impreso en elegantes cartulinas. Sirviéronse los platos en preciosa vajillqa de Limoges. La cristalería, magnífica, perteneció á la reina doña María Luisa.

            Don Alfonso estuvo jovialísimo. Comió mucho, diciendo que la excursión le había abierto el apetito.

            Durante el almuerzo la música de marina ejecutó escogido repertorio. LLamó la atención una marcha militar inspirada en la Marcha Real española.

            El director de la banda entregó al rey un ejemplar de la composión musical con hermosa cubierta, mandada pintar por Don Carlos.

            Don Alfonso agradeció muchísimo el obsequio.

Visitando el palacio

Lisboa 13 (6,59 t.)

            Gracias á la amabilidad del conde de Tarouca, noble portugués á las órdenes de Don Alfonso XIII, visité el palacio de Cintra mientras se verificaba el almuerzo.

            El salón de embajadores, llamado sala de armas, desde cuyas ventanas se ve el mar, es notable.

            También sorprende el salón de los Cisnes,  con ricos tapices flamencos, mesa de billar y artístico piano. En los muebles de este departamento se ven retratos de varios soberanos de Europa, con dedicatorias expresivas á la reina Doña María Cristina.

            Tambiém figuras fotografías de Don Alfonso XIII, de los príncipes de Asturias y de las infantas Isabel y Teresa.

            En las habitaciones destinadas para descanso de Don Alfonso aparecen más retratos de los reyes y príncipes españoles.

Al tren

Lisboa 13 (6,59 t.)

            A las dos de la tarde terminó el almuerzo, trasladándose inmediatamente los comensales á la estación de Tenza, en coches de cuatro caballos enganchados á la postillona.

            Desde los balcones las señoras arrojaban flores y agitaban pañuelos.

            La tarde hermosa, contribuyó al mayor esplendor del acto.

            El tren regio cambió de línea, pasando de la de Cintra á la de circunvalación, llegando á las dos y media á los apeaderos de Campo Pequenho (NOTA: Campo Pequeno), á pocos pasos de la plaza de toros.

La «tourada». Del tren á la plaza. Ovación

            El pequeño trayecto desde el apeadero de Campo Pequenho (NOTA: Campo Pequeno) á la plaza de toros lo recorrieron los reyes en coches á la postillona, entrando en la plaza poco después de las dos y media.

            En el primer coche iban la reina Pía, dando la derecha á Don Alfonso XIII, y enfrente iban Don Carlos y el príncipe real.

            En el otro iban Doña Amelia y sus damas.

            En los alrederores de la plaza un numeroso público saludó con entusiasmo á los reyes, que fueron también ruidosamente ovacionados al penetrar en el palco regio.

Espectáculo grandioso. Entusiasmo general. Lleno completo.

Lisboa 13 (7.25 n.)

            Se ha celebrado la corrida, que ha resultado para los españoles originalísima y en extremo agradable.

            La plaza estaba espléndidamente adornada. Se han suprimido las colchas y banderas.

            En las galerías y palcos hay enormes lienzos con pinturas alegóricas, que representan escenas distintas del toreo, alternando con panderetas y abanicos pintados, de grandes dimensiones.

            Desde las alturas de los palcos y gradas á la contrabarrera hay arcos de follaje, colocados de modo que no impidan á los espectadores ver lo que pasa en el redondel.

            La preciosa ornamentación de la plaza de Campo Pequenho (NOTA: Campo Pequeno)  ha sido dirigida por el distinguido artista D. Eduardo Rey.

            En lo que nosotros llamamos el despejo no han figurado carrozas, sino que se ha hecho del modo siguiente:

            Primero apareció un alguacil, á quien llaman El Nieto, que hizo varios saludos en distintas direcciones. Entretanto, en medio de la plaza, había cuatro niños vestidos de pajes, dos de los colores portugueses y otros dos españoles.

            Después sale una mula que lleva encima dos grandes cajas, conteniendo las banderillas y rejones.

            Un grupo de forcados descargan la mula y sacan el contenido, que se coloca entre barreras.

            Después salen los campinhos (NOTA: campinos) ó vaqueros, á caballo, llevando los caballos enjaezados á estilo de campo con albardas y mantas toscas, visitendo ellos también el traje campesino y llevando largas varas como las garrochas de los vaqueros españoles.

            Todo este personal forma dos filas, dejando una calle por la que aparecen en primer término los toreros vestidos igual que los nuestros, y detrás salen los caballeros rejoneadores, lujosamente vestidos y montando soberbios caballos.

            Su aparición arranca aplausos, á los que unimos los nuestros los españoles, pues dificilmente pueden verse figuras más vistosas y arrogantes á caballo. (ESCLARECIMENTO: «En la España de 1903, la palabra "arrogante" tenía un significado mucho más amplio, rico y frecuentemente positivo que el actual. Aunque ya se utilizaba con su connotación negativa moderna, los diccionarios oficiales de la época —como el de la Real Academia Española (RAE)— y la literatura del siglo XIX y principios del XX destacaban tres acepciones principales: 1. Gallardo, airoso y elegante (Uso principal en la época). Se utilizaba de forma muy común para describir el aspecto físico, el porte o la presencia distinguida de una persona. Si en 1903 te decían que tenías una "arrogante figura", te estaban haciendo un cumplido: significaba que lucías esbelto, gallardo, con garbo, buena apostura y elegancia al vestir o caminar. 2. Valiente, brioso y decidido. Enraizado en el ideal de la caballería hispánica, un "arrogante caballero" o un "arrogante soldado" era sinónimo de alguien valeroso, animoso y osado ante el peligro. Definía a una persona con coraje y una actitud decidida. 3. Altanero y soberbio (Connotación negativa). Al igual que hoy en día, también se empleaba para señalar un defecto moral: el de la persona orgullosa, presumida o despectiva que se creía superior a los demás. Sin embargo, a principios del siglo XX, este matiz despectivo compartía protagonismo a partes iguales con las virtudes de la gallardía y el valor. FONTE: IA)

            Detrás salen varios caballos de respeto con riquísimas gualdrapas, y cuando todos están colocados en sus respectivos sitios, empiezan los saludos, que aquí se llaman cortesías, hechas primero por los caballeros, que hacen admirables juegos de equitación, avanzando y retirándose sin volver nunca la espalda á los reyes.

            Estos, que ocupan el palco regio, fueron saludados entonces con otra estrepitosa ovación, sirviéndonos de gran satisfacción el entusiasmo delirante con que los portugueses saludaron á nuestro joven monarca.

            Después de saludar los caballos con vistosas evoluciones, avanzan los de á pie, que saludan rodilla en tierra, y se da orden de empezar la lidia, bajo la presidencia de un antiguo é inteligente aficionado, colocado en sitio á propósito, debajo del palco regio y casi encima de la contrabarrera, rodeado de pajes.

            Un grupo de forcados se coloca debajo de la presidencia á modo que nuestros alabarderos en las corridas reales y blandiendo sus horquillas á guisa de alabardas; pero no necesitan de otras defensas que de sus puños, como demostraron en la primera acometida, en la que todos se echaron sobre el toro, dominándolo.

            Se han lidiado diez toros por el orden y la forma siguiente:

                        Al primero lo han rejoneado los caballeros José Bento de Araujo y Fernando de Oliveira.

            El segundo fué banderilleado por Cdete y Calabaça.

            El tercero ha sido rojneado por Manuel Casimiro y Joaquín Alves.

            El cuarto banderilleado por Torres Branco y Manuel dos Santos.

            El quinto rejoneado por Simões Serra y Eduardo Macedo.

            El sexto también rejoneado por (José) Bento de Araujo y (Fernando de) Oliveira.

            El séptimo banderilleado por Guillermo Tadeu y Tomás da Rocha.

            El octavo rejoneado por Manuel Casimiro y Joaquín Alves.

            El noveno también rejoneado por Sioões Serra y Eduardo Macedo.

            Y el último fué banderilleado por Jorge Cadete y Guillermo Tadeu.

            Los toros, en general, fueron mansos y se prestaron á poco lucimiento, á pesar de lo cual, tanto rejoneadores como banderilleros, escucharon muchos aplausos.

            Claro es que los que estamos acostumbrados á ver torear reses de puntas no vemos grandes méritos cuando se torean embolados. Pero hay que reconocer que unos y otros son habilidosos y saben lo que se hacen.

            El trabajo de los caballeros es brillante y ha de gustar á todo el que lo ven, pues además de exceleentes jinetes, saben rejonear de un mofo que no estamos acostumbrados á ver.

            Muchos de los rejoncillos quedaban al romperse convertidos en banderas españolas y portuguesas.

            La nota saliente de la corrida y lo que ha sido causa de mayor regocijo en los reyes y el público, han sido los sustos que han proporcionado los toros con sus frecuentes saltos al callejón.

            Este estaba materialmente lleno de gente, entre la que abundaban los fotógrafos, unos con las máquinas en las manos y otros sobre los trípodes.

            Era de ver el espanto de los discípulos de Daguerre cuando una fiera traspasaba la trocha. Rodaban los objectivos, máquinas, trípodes y artistas, produciendo inmenso regocijo tan cómicas escenas.

            Entre los fotógrafos vimosm al Sr. Alsenjo, que varias veces rodó, pues hubo ocasiones para que todos sufrieran el ridículo. Baste decir que un solo toro saltó 20 veces por el mismo sitio.

            Los reyes reían á carcajadas, y el público, en general, lo mismo.

            La corrida acabó casi al anochecer y los reyes salieron de la plaza en el penúltimo toro, siendo objeto de una gran ovación.

            He visto en la corrida mucha gente conocida.

            Los periodistas pudimos ocupar varios sitios; pero ocupamos preferentemente el palco de la baronesa de Hortega, que estaba tan elegante y bella como siempre, y estuvo amabilísima con nosotros, dándonos noticias y detalles que nunca agradeceremos bastante.

O cavaleiro José Bento de Araujo na corrida em honra do rei de Espanha.
FOTO: Arquivo CML

In EL DIARIO UNIVERSAL, Madrid - 14 de Dezembro de 1903