DESENHO: DIARIO UNIVERSAL, Madrid (Tratado por IA)
Biblioteca nacional de España
VIAJE DEL REY
Don ALFONSO XIII en Lisboa
SERVICIO ESPECIAL DEL “DIARIO UNIVERSAL”. — TELEGRAMAS DE
NUESTRO REDACTOR D. DOMINGO BLANCO
En Cintra. El almuerzo
Lisboa 13 (6,59 t.)
El almuerzo
con que fué obsequiado Don Alfonso XIII en Cintra se sirvió en dos grandes
mesas.
Presidía una
nuestro soberano, teniendo á su derecha á la esposa del primer ministro Sr. Hintze
Riveiro; (NOTA: Ernesto Hintze Ribeiro) á la izquierda se sentaba la marquesa de
Fayal, dama de la reina Amelia. En frente estaba Doña María Pía, ocupando los
primeros puestos de derecha é izquierda el
ministro plenipotenciario de España Sr. Polo de Bernabé y el Sr. Rodríguez San
Pedro.
Ernesto Hintze Ribeiro.
FOTO: Biblioteca nacional de España (Tratada por IA)
En la otra
mesa se sentaron Doña Amelia y Don Carlos. A ambos lados de los reyes estaban
el príncipe real y el presidente del Consejo, Sr. Hintze Riveiro (NOTA: Ernesto Hintze Ribeiro), y la esposa del señor Polo de Bernabé y la
señora de Unias.
Asistieron al
almuerzo unas 50 personas. Las meses estaban adornadas artísticamente con
flores. El espléndido menú estaba
impreso en elegantes cartulinas. Sirviéronse los platos en preciosa vajillqa de
Limoges. La cristalería, magnífica, perteneció á la reina doña María Luisa.
Don Alfonso
estuvo jovialísimo. Comió mucho, diciendo que la excursión le había abierto el
apetito.
Durante el
almuerzo la música de marina ejecutó escogido repertorio. LLamó la atención una
marcha militar inspirada en la Marcha Real española.
El director
de la banda entregó al rey un ejemplar de la composión musical con hermosa
cubierta, mandada pintar por Don Carlos.
Don Alfonso agradeció
muchísimo el obsequio.
Visitando el
palacio
Lisboa 13 (6,59 t.)
Gracias á la
amabilidad del conde de Tarouca, noble portugués á las órdenes de Don Alfonso
XIII, visité el palacio de Cintra mientras se verificaba el almuerzo.
El salón de
embajadores, llamado sala de armas, desde cuyas ventanas se ve el mar, es notable.
También
sorprende el salón de los Cisnes, con
ricos tapices flamencos, mesa de billar y artístico piano. En los muebles de
este departamento se ven retratos de varios soberanos de Europa, con dedicatorias
expresivas á la reina Doña María Cristina.
Tambiém
figuras fotografías de Don Alfonso XIII, de los príncipes de Asturias y de las
infantas Isabel y Teresa.
En las
habitaciones destinadas para descanso de Don Alfonso aparecen más retratos de
los reyes y príncipes españoles.
Al tren
Lisboa 13 (6,59 t.)
A las dos de
la tarde terminó el almuerzo, trasladándose inmediatamente los comensales á la
estación de Tenza, en coches de cuatro caballos enganchados á la postillona.
Desde los
balcones las señoras arrojaban flores y agitaban pañuelos.
La tarde
hermosa, contribuyó al mayor esplendor del acto.
El tren
regio cambió de línea, pasando de la de Cintra á la de circunvalación, llegando
á las dos y media á los apeaderos de Campo Pequenho (NOTA: Campo Pequeno), á pocos pasos de la plaza de toros.
La «tourada». Del tren á
la plaza. Ovación
El pequeño trayecto desde
el apeadero de Campo Pequenho (NOTA: Campo
Pequeno) á la plaza de toros lo recorrieron los reyes en coches á la
postillona, entrando en la plaza poco después de las dos y media.
En el primer
coche iban la reina Pía, dando la derecha á Don Alfonso XIII, y enfrente iban
Don Carlos y el príncipe real.
En el otro iban Doña
Amelia y sus damas.
En los alrederores de la
plaza un numeroso público saludó con entusiasmo á los reyes, que fueron también
ruidosamente ovacionados al penetrar en el palco regio.
Espectáculo grandioso.
Entusiasmo general. Lleno completo.
Lisboa 13 (7.25 n.)
Se ha celebrado la corrida, que ha resultado para los
españoles originalísima y en extremo agradable.
La plaza
estaba espléndidamente adornada. Se han suprimido las colchas y banderas.
En las
galerías y palcos hay enormes lienzos con pinturas alegóricas, que representan
escenas distintas del toreo, alternando con panderetas y abanicos pintados, de
grandes dimensiones.
Desde las
alturas de los palcos y gradas á la contrabarrera hay arcos de follaje,
colocados de modo que no impidan á los espectadores ver lo que pasa en el
redondel.
La preciosa
ornamentación de la plaza de Campo Pequenho (NOTA: Campo Pequeno) ha sido
dirigida por el distinguido artista D. Eduardo Rey.
En lo que
nosotros llamamos el despejo no han figurado carrozas, sino que se ha hecho del
modo siguiente:
Primero
apareció un alguacil, á quien llaman El Nieto, que hizo varios saludos en distintas
direcciones. Entretanto, en medio de la plaza, había cuatro niños vestidos de
pajes, dos de los colores portugueses y otros dos españoles.
Después sale
una mula que lleva encima dos grandes cajas, conteniendo las banderillas y
rejones.
Un grupo de
forcados descargan la mula y sacan el contenido, que se coloca entre barreras.
Después
salen los campinhos (NOTA: campinos) ó vaqueros, á caballo, llevando los caballos enjaezados
á estilo de campo con albardas y mantas toscas, visitendo ellos también el traje
campesino y llevando largas varas como las garrochas de los vaqueros españoles.
Todo este personal forma dos filas, dejando una calle por
la que aparecen en primer término los toreros vestidos igual que los nuestros,
y detrás salen los caballeros rejoneadores, lujosamente vestidos y montando
soberbios caballos.
Su aparición arranca
aplausos, á los que unimos los nuestros los españoles, pues dificilmente pueden
verse figuras más vistosas y arrogantes á caballo. (ESCLARECIMENTO: «En la España de 1903, la palabra
"arrogante" tenía un significado mucho más amplio, rico y
frecuentemente positivo que el actual. Aunque ya se utilizaba con su
connotación negativa moderna, los diccionarios oficiales de la época —como el
de la Real Academia Española (RAE)— y la literatura del siglo XIX y principios
del XX destacaban tres acepciones principales: 1. Gallardo, airoso y elegante (Uso principal en la época). Se utilizaba de forma muy
común para describir el aspecto físico, el porte o la presencia distinguida de
una persona. Si en 1903 te decían que tenías una "arrogante figura",
te estaban haciendo un cumplido: significaba que lucías esbelto, gallardo, con
garbo, buena apostura y elegancia al vestir o caminar. 2. Valiente, brioso y decidido. Enraizado en el ideal de
la caballería hispánica, un "arrogante caballero" o un
"arrogante soldado" era sinónimo de alguien valeroso, animoso y osado
ante el peligro. Definía a una persona con coraje y una actitud decidida. 3. Altanero y soberbio
(Connotación negativa). Al igual que hoy en día,
también se empleaba para señalar un defecto moral: el de la persona orgullosa,
presumida o despectiva que se creía superior a los demás. Sin embargo, a
principios del siglo XX, este matiz despectivo compartía protagonismo a partes
iguales con las virtudes de la gallardía y el valor. FONTE: IA)
Detrás salen
varios caballos de respeto con riquísimas gualdrapas, y cuando todos están
colocados en sus respectivos sitios, empiezan los saludos, que aquí se llaman
cortesías, hechas primero por los caballeros, que hacen admirables juegos de
equitación, avanzando y retirándose sin volver nunca la espalda á los reyes.
Estos, que
ocupan el palco regio, fueron saludados entonces con otra estrepitosa ovación,
sirviéndonos de gran satisfacción el entusiasmo delirante con que los
portugueses saludaron á nuestro joven monarca.
Después de
saludar los caballos con vistosas evoluciones, avanzan los de á pie, que saludan
rodilla en tierra, y se da orden de empezar la lidia, bajo la presidencia de un
antiguo é inteligente aficionado, colocado en sitio á propósito, debajo del palco regio y casi encima de la contrabarrera,
rodeado de pajes.
Un grupo de forcados
se coloca debajo de la presidencia á modo que nuestros alabarderos en las
corridas reales y blandiendo sus horquillas á guisa de alabardas; pero no
necesitan de otras defensas que de sus puños, como demostraron en la primera
acometida, en la que todos se echaron sobre el toro, dominándolo.
Se han
lidiado diez toros por el orden y la forma siguiente:
Al
primero lo han rejoneado los caballeros José Bento de Araujo y Fernando de
Oliveira.
El segundo fué
banderilleado por Cdete y Calabaça.
El tercero
ha sido rojneado por Manuel Casimiro y Joaquín Alves.
El cuarto
banderilleado por Torres Branco y Manuel dos Santos.
El quinto
rejoneado por Simões Serra y Eduardo Macedo.
El sexto también rejoneado por (José) Bento de Araujo
y (Fernando de) Oliveira.
El séptimo
banderilleado por Guillermo Tadeu y Tomás da Rocha.
El octavo
rejoneado por Manuel Casimiro y Joaquín Alves.
El noveno
también rejoneado por Sioões Serra y Eduardo Macedo.
Y el último fué
banderilleado por Jorge Cadete y Guillermo Tadeu.
Los toros,
en general, fueron mansos y se prestaron á poco lucimiento, á pesar de lo cual,
tanto rejoneadores como banderilleros, escucharon muchos aplausos.
Claro es que los que estamos acostumbrados á
ver torear reses de puntas no vemos grandes méritos cuando se torean embolados.
Pero hay que reconocer que unos y otros son habilidosos y saben lo que se
hacen.
El trabajo de los caballeros es brillante y
ha de gustar á todo el que lo ven, pues además de exceleentes jinetes, saben rejonear
de un mofo que no estamos acostumbrados á ver.
Muchos de
los rejoncillos quedaban al romperse convertidos en banderas españolas y
portuguesas.
La nota
saliente de la corrida y lo que ha sido causa de mayor regocijo en los reyes y
el público, han sido los sustos que han proporcionado los toros con sus
frecuentes saltos al callejón.
Este estaba
materialmente lleno de gente, entre la que abundaban los fotógrafos, unos con
las máquinas en las manos y otros sobre los trípodes.
Era de ver
el espanto de los discípulos de Daguerre cuando una fiera traspasaba la trocha.
Rodaban los objectivos, máquinas, trípodes y artistas, produciendo inmenso
regocijo tan cómicas escenas.
Entre los
fotógrafos vimosm al Sr. Alsenjo, que varias veces rodó, pues hubo ocasiones para
que todos sufrieran el ridículo. Baste decir que un solo toro saltó 20 veces
por el mismo sitio.
Los reyes reían
á carcajadas, y el público, en general, lo mismo.
La corrida
acabó casi al anochecer y los reyes salieron de la plaza en el penúltimo toro,
siendo objeto de una gran ovación.
He visto en
la corrida mucha gente conocida.
Los
periodistas pudimos ocupar varios sitios; pero ocupamos preferentemente el
palco de la baronesa de Hortega, que estaba tan elegante y bella como siempre,
y estuvo amabilísima con nosotros, dándonos noticias y detalles que nunca
agradeceremos bastante.
O cavaleiro José Bento de Araujo na corrida em honra do rei de Espanha.
FOTO: Arquivo CML
In EL
DIARIO UNIVERSAL, Madrid - 14 de Dezembro de 1903